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No es es el suelo donde pisas lo que te hace diferente, ni tampoco los recuerdos que llevas de tus antepasados. El idioma jamás fue impedimento de expresión para cuando existe una música universal llamada destino. Se nos dijo la hora de llegada pero jamás imaginarias que el destino escogería tu partida. El vivir del día a día me enseñó la desigualdad en todas sus formas, pero también a ser humanitario. Aprendimos a vivir con los momentos de alegrías, los bolsillos de ilusiones y volamos cometas. Crecimos viendo cambiar las viviendas, la última tecnología y adaptándonos a lo moderno. Era necesario y casi obligatorio reírnos después de una mala pasada, contemplar la noche estrellada y derrochar horas en soñar. Todo cambia. La gente cambia. Los pensamientos cambian. Los sentimientos cambian. Desperté sintiéndome ajena a todo. Aquel mundo de fantasía de había quedado de largo junto con la ilusión. El color del cielo era distinto, el aire era diferente y la mirada de la gente se nubló. ¿Es normal sentirte extraño en tu propia tierra? ¿Qué causa esa sensación de impotencia y de lejanía? No me aturde el llanto sino la indiferencia. El dolor siempre ha existido, pero no se olvidada. Se ayudaba. La deficiencia del ego se sometía sin dudas ante la humildad. La vida no es una ventana a la cual se acude para alcanzar la inmortalidad. La calidad de nuestra alma nos hace diferentes. Los recuerdos vividos ya no se ven tan lejos. Sonrío la esperanza. (Prohibida su reproducción total o parcial sin los derechos del autor).
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March 2026
AutoraLourdes Franco Categorias |
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