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Bendecidos y afortunados somos aquellos que recordamos nuestra infancia con felicidad. Quizá no fue perfecta pero pese a las situaciones que en su momento no comprendíamos, éramos invencibles. Jugábamos con total vitalidad y energía, reíamos de los chistes que contaban los amigos durante el recreo y podíamos pasar la tarde entera creando en nuestra imaginación. Era sencillo. Queríamos crecer, madurar y tener edad para hacer todas esas cosas que hacían los adultos. Difícil pensar que la madurez nos haría tan responsables, pero a su ves obtuvimos tantas obligaciones. Quien imaginaria siquiera lo complicado y lo crucial que sería tomar decisiones. Conforme íbamos creciendo, se abría un abismo entre querer y un tener que. Muy en el fondo de nuestro ser, esas inquietudes, esos sueños y esa inocencia infantil que puede con todo están intactas. Ese jardín esperanzado no se ha marchitado, sigue y seguirá perenne cada que lo busques. "Olvidamos el propósito más importante de nuestra infancia... vivir."
1 Comment
Albert
11/25/2017 10:50:17 am
Amen to that
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AutoraLourdes Franco Categorias |
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