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Pasa una vez por ser la primera. Sí, habrán segundas o terceras pero ese primer instante es irrepetible. Planes fallidos buscando en el mapa los destinos anhelados, mañanas gloriosas y noches concurridas. Pasa un vez por ser la primera. Como el vibrato que erizó la piel y con ella el alma. Tristeza del virtuoso que se conforma a lo extraordinario del recuerdo. Pasa una vez por ser la primera. De no ser así, la ocasión estaría demás, la sensibilidad perdería fuerza y… no me descubrirías.
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Quería conectar contigo. Elegí que nacieras aquí, más no me percaté de las divisiones que haríamos. Intentaba mostrarte el llanto de lo posible, la forma de mi respirar, lo divino y lo carnal. A través de tu aire, tu fauna, la distancias, palabras inciertas… Los campos que nutrieron tus pensamientos día a día con verdes prados y amaneceres dorados, hoy son desiertos aislados y llenos de ego. La temporada de flores se ha marchitado ensangrentada con historias de odio y de mentiras. No es coincidencia hijo de la tierra que retumbe en tus oídos la verdad. Olvidaste que los mares no está en venta, ni tampoco el trigo de las cosechas. Eres prisionero de tus expectativas o libre en la empatía. La huella que dejas tras de ti no es más que el soplo de vida, el regreso a la fuente. La eternidad del alma vibra en cada molécula que percibes, hijo de la tierra. Vive con la sabiduría del tiempo, sonora en su eco. Mientras recuerdas que volverás a mi.
No quiero decidir entre el pasado o futuro. Ambos son buenos y cada uno en su momento inesperados. El pasado le dirá al futuro: “En algún momento no muy lejano, te convertirás en un recuerdo.” Más el futuro le contestará: “El recuerdo que te queda es que también fuiste futuro.” El ego es existencial como el aire que respiras, la sombra que acapara aún cuando no hay sol. ¿Presente? ¿Dónde estás presente? En los murmullos del silencio, en la sonrisa que crees tuya, atravesando pensamientos con el fin de sentir. No decidas si aún hay tiempo de ser momento.
Inalcanzable. Hasta que tocas un segundo. Se despliega sin dudar antes del amanecer. Jamás estuvo tan cerca hasta hoy. Te observa sin que puedas dejar de mirarla. No es lo que observas que te deslumbra sino todo lo que representa. ¡Admítelo! ¿Qué más ocultas? ¿Por qué temes? Ya todo lo veía venir, a quien quieres inmortalizar. Eres mucho más de lo que cualquiera pueda pronunciar. Vives en todo aquello que los sencillos procuran y los altaneros pretenden comprender. No la verás ruborizar, ni descuidarse un momento. ¡Admítelo! ¿Por qué te ocultas? ¿Cuál es tu miedo? Ya todo lo venía venir, es inmortal.
Dejé de luchar con la sensibilidad. Aprendí que no me hace débil sino me fortalece. Elegí sentirme vulnerable y aceptar las emociones no agradables. También sanan. Rechacé propuestas no alineadas a mis límites sanos, siendo justa en mis creencias. Adapté a este mundo tan cambiante lo colorido de mis ideas. Dejé de esperar. Aprendí que la vida pasa. Elegí agradecer por todo. Rechacé la mentira. Adapté las estaciones como el calendario, desenvolviendo y apreciando cada una. No fue en las voces que escuché sino en mi ser.
Somos nuestras propias tormentas y nuestros peores tormentos. En los momentos de angustia y de alegría se vive lo mismo. Se percibe y se recibe lo mismo. Sin más negaciones, perdiendo la desconfianza, aplazando la templanza. Si el carrusel sigue su curso no entiendo porque frenarlo. Si las estatuas son inmovibles para que intentar un revolú. Si somos creadores de nuestras tormentas y tormentos, seremos capaces de iniciar nuestra serenidad y nuestra paz.
Ocurre aún cuando no la piensas. Mueve como fichas de ajedrez en el tablero, siempre en busca de razón, alegría y compañía. Los nacidos, los adoptivos, los escogidos, los encontrados y hasta los inesperados seden en su efecto. Que el corazón se desborde entre risas, llamadas a destiempo, auxilios de primera con tal de estar ahí. Siempre pendientes, aún en pasos de soledad cuando ya no se puede más. Es la magia que compartimos lo que nos hace fuertes. El abrazo sincero, las palabras exactas sin malicia. Gracias por tu magia.
A pesar de sus enormes alas tenía miedo a querer volar. Había despegado muchas veces en el amor entrando la duda y los no negociables que ni ella podía cambiar. Era admirada, amada, pero no era suficiente. No quería ser admirada, sino simplemente ser. Volar como todos sin temor sintiendo el viento como la primera vez. Llegó al bordo de rendirse al momento, a los tiempos, a las fracturas, a lo inesperado, a las tardes, a los nublados con lluvia, a las mañanas emocionantes y efusivas. Se rindió cuando ya no pudo más y se vio certera por primera vez capaz de despegar desde cero. Con o sin sus miedos, con o sin alas seguía siendo ella.
Me gusta contemplarte desde lo pequeñito. La tranquilidad de tu mirada imaginable es el amor más grande que pudiera haber conocido. Siempre fue por ti. Desde el bostezo de la mañana hasta el último suspiro de la noche, te agradezco por cuidarme. Quien te conociera aunque fuese de nombre, sería bendecido. No hay luz más que aquella que alumbra en cada momento. Permito que la vida tenga otro sentido porque en mejor lugar no podría estar. Llévame contigo siempre.
Busqué mil y un motivos para decir no, pero todo apuntaba que si. ¿En que momento se volvió ciego el corazón para ignorar a la razón? Es más que inexplicable el sentimiento del límite en la capacidad de querer. Cómo se puede ser tan frío. Haciendo de cuenta que no pasa nada y pasa todo frente a ti. ¿Qué más queda por perder para darte cuenta? Busqué mil y un motivos para decir no, pero todo apuntaba a que si. La lección no era más que para mi. Es más fuerte mi sentido de amor propio para liberarme, apostando siempre en el amor. Creo en el amor no por ti, sino por mi capacidad de querer.
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March 2026
AutoraLourdes Franco Categorias |
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